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Fecha   enero de 1999
Medio   Diario de Burgos
Cartas de amigos... 
Una siembra que dará mucho fruto

 

Queridísima Marta.

Cuando en estas noches, llenas de angustia, me preguntaba qué habían hecho contigo, por fin, una respuesta me llenaba de paz, pues te sentía en el cielo y notaba que tu vida había sido una siembra aquí en la tierra. Pero, igual que la semilla, que necesita que se riegue, fue preciso que tú nos enviaras desde el cielo la lluvia de tu sangre. Has regado, y ¡qué cosa Marta! Ya empieza a dar frutos. Habrá una cosecha abundante y necesitaremos muchas manos para recogerla. Defendiste tu pureza hasta morir... y, ¡no lo consiguieron...! Yo me imagino en aquellos momentos, a la Virgen estrechándote contra su corazón de Madre, y llenándote de besos y caricias. Y tú Marta no sentirás nada de lo que te hacían en tu cuerpo. Tu martirio no es porque sí, no es algo vano, sino que es un grito de Dios al mundo que ya no valora la grandeza de la Santa Pureza. Y hace unos días, cuando la gente veía la fortaleza de tus padres se quedaba impresionada y comentaban muchos: ¿cómo pueden estar así?... Y no lo entendían. Cuando ví a tu madre junto a tu cuerpo sin vida, de pie, llena de paz y de serenidad, tenía en mi interior la respuesta... <<Junto a la Cruz de Jesús estaba su madre>>: Dios le dio la fuerza y esa misma fuerza se la dio a ella. Y ya empieza tu cosecha. Una persona muy querida de tus padres me dijo en el cementerio: <<venía destrozada y con este testimonio me voy en paz, esto cambiará mi vida>>. Otra comentó: "Esto traerá una lluvia de gracias".Tú, desde arriba, nos ayudarás a recoger la cosecha y se la presentarás al Señor, y será abundante -cuajada de frutos-: Conversiones, vocaciones, quizás muchos se limpiarán su alma con una buena confesión y todos seremos mejores. Sí Marta, sí, ¡es tu cosecha!...

¡Marta, ruega por nosotros!

Rosi

 

Hasta luego Marta

 

Marta no ha muerto. Me niego a admitir esa, por otra parte, tremenda evidencia. No ha muerto, porque no muere quien alienta los sentimientos de tantos corazones como ella está alentando ahora. Se ha ido durante una temporada que cada cual medirá desde su propia biografía, pero está ahí, presente en los que aman, creen y, en consecuencia, permanecen. Su carta publicada era eso: amor, fe y permanencia en voz definitiva. O sea, que vive.

Alfonso

 

Destinataria: Marta Obregón - Domicilio: El Cielo

 

¡Querida Martucha!

El martes fue tu funeral y entierro, te despedí con muchísima tristeza de este mundo material en el que como tú muy bien afirmaste estamos de paso, pero en ningún caso debo de estar triste, tú estás ahora con Nuestro Señor y qué mejor compañía que esa, la compañía que tú has deseado desde que te conocí. Él, te ha llamado pronto para acompañarte y para continuar la labor que ya comenzaste entre nosotros con tu impresionante fe en Jesucristo, con tu alegría contagiosa (contagiosa, al menos para mí), y con tu tierna sonrisa.

 

Hoy he estado viendo el vídeo que grabamos en el mes de noviembre, en Quintanar de la Sierra ¿te acuerdas? Esa Martucha del vídeo es la que recordaré hasta que pronto, muy pronto, podamos verlo los tres juntos de nuevo.

 

Pide a Dios por mí, por Javier, por tu familia y por todas las personas que has dejado en este mundo, que sepamos tener esa fe en Dios que tu tenías y que realmente mueve montañas en esta sociedad falta de valores positivos; sé que lo harás porque sabes cuanto lo necesitamos.

 

Esperando tu respuesta a esta carta se despide hasta muy pronto este amigo que te ha llevado, te lleva y te llevará siempre en un lugar de su corazón.

 

Post Data: A quien le quitó la vida: Evidentemente "no la conocías".

 

A los familiares y amigos: Martucha no ha muerto, "Vita mutatur, non tollitur", "la vida se cambia, no se pierde" y no lloremos por haber perdido el sol, porque las lágrimas no nos permitirán ver las estrellas.

José Ramón

 

A Marta con todo mi cariño

 

Queridísima Marta:

Durante los angustiosos días de espera sin saber dónde te encontrabas, he recordado muchas cosas: los buenos ratos que pasábamos cuando juntos, tus padres y nosotros, os contemplábamos a todos en vuestros juegos de niños. La alegría que tenías en la piscina, los primeros movimientos con la raqueta de tenis, y la ilusión con que en la noche de San Pedro salíamos a los fuegos artificiales. ¡Qué planes teníamos para vosotros! Recuerdo también cómo nos hacías reír con tu imitación de Bety Misiego y con tus formas de hacer teatro... ¡Eras genial, Marta!

 

En estas noches de insomnio, desconociendo tu paradero, era imposible no dejar de pensar y los recuerdos seguían viniendo a mi mente; me acordé entonces de aquello que me comentaste el pasado 27 de diciembre, <<muchas circunstancias se están dando en mi vida y no sé que quiere Dios de mí>>. Hablamos durante mucho tiempo y estabas radiante: no te preocupes me dijiste, Él me irá mostrando el camino. El lunes recibí la noticia; se me heló el corazón y en mi insensatez no encontraba explicación: ¿por qué, Señor?... Y fue después, al conocer algunas circunstancias, y en medio de la oración, cuando empecé a recordar también aquellas historias de mártires que tantas veces oí en el colegio: aquellos niños y jóvenes que morían por Jesucristo y que su sangre servía para llevar muchas almas al cielo y propagar la fe cristiana; los envidiábamos y nos encomendábamos a ellos... Tarsicio, Lucía, Inés... ¡qué fecundos fueron sus martirios!

 

Aunque con nuestros ojos humanos no veamos, ahora, con los ojos del alma sabemos que <<todo es para bien>>.

 

Que tu testimonio Marta sirva para que muchas almas se acerquen a Dios.

 

Milagros