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OTROS DATOS DE INTERÉS
Fecha   Semana Santa 1999
Medio   Carta personal
Testimonio de Montserrat A.

 

Me llamo Montserrat A., tengo 43 años, vivo en un pueblecito a unos 18 Km de Burgos, estoy casada, tengo 2 hijos de 20 y 17 años de edad, trabajo en una empresa de Burgos, como coordinadora. Durante un retiro espiritual en el que he asistido este año en “El Brezo”, (Palencia), Adela la  directora, después de oír mi historia, me aconsejó que la escribiera, ya que el Papa había pedido a la Obra que recopilara conversiones recientes para darlas a conocer, pero antes de contar mi conversión creo conveniente explicar la causa de ella.

 

Mi conversión fue a raíz de la muerte de Marta María de Obregón Rodríguez.

 

Antes que nada, quiero aclarar que todo lo que aquí cuento es a través de las conversaciones mantenidas con su madre, de mis propias vivencias y de todo lo que recuerdo que manifestaron, médicos y testigos que declararon en el juicio a su asesino.

 

Paso a explicar mi conversión:

 

Yo era amiga de su madre, ya que era mi esteticienne desde que yo tenía 17 años, a Marta y sus hermanas las conocía desde pequeñas, pero no había tenido trato con ellas, ya que era con su madre con quien yo más me relacionaba, mi situación espiritual en el momento de que hablamos era “creyente, no practicante” yo estaba bastante alejada de Dios.

 

Supe de la muerte de Marta al día siguiente de su aparición, a través del periódico, pedí permiso en mi trabajo e inmediatamente marché al tanatorio donde estaba el cuerpo de Marta y me encontré a sus padres con una profunda tristeza, pero muy serenos, me dirigí a su madre y sin mediar palabra me dijo: “Montse, no sabías nada, ¿verdad?, Pues ya ves lo que nos ha pasado” yo contesté: “No sé qué decir” y su madre respondió: “Reza por ella”. Le pregunté si podía pasar a verla y me respondió “¡Claro que sí, cómo no vas a poder!”, entré a verla y me impactó su rostro, tenía una profunda paz, después de la trágica muerte que había tenido, y se me parecía a una imagen de una Virgen Niña por la dulzura de sus rasgos, después he visto esta misma paz en la imagen de Jesús en la Sábana Santa, curiosamente Marta tenía en su cara un moratón igual que la cara de Jesús.

 

Su madre me prometió que no habían tomado ningún tranquilizante y era verdad, estaban serenos, no adormilados.

 

Por la tarde asistí con mi hermana al funeral, preparado por el grupo neocatecumenal de la parroquia, un funeral lleno de cánticos de esperanza y alegría.

 

Salí de la iglesia y marché a mi casa junto con mi hermana, comentando lo bien que había estado la ceremonia y que se notaba que sus padres eran creyentes por la serenidad que habían demostrado todo el tiempo, todo “muy normal”. Pero a los 2 días de enterrar a Marta, yo me sentía muy mal, no sabía exactamente lo que me pasaba pero yo estaba muy mal y sentía la necesidad de llamar a su madre, a lo que yo me resistía ya que pensaba: ¡Cómo voy a llamarla si hace dos días que ha enterrado a su hija, bastante tiene ya!” pero era tal la desazón que yo tenía que al final, la llamé y le dije: “yo estoy muy mal, no sé lo que me pasa pero estoy muy mal y te tengo que llamar, ya sé que no es el mejor momento pero yo, te tengo que llamar” y ella se echó a llorar y me dijo: “Montse, no sabes la alegría que me das, con 3 personas que reaccionen como tú, la muerte de mi hija estará justificada, mira, el próximo sábado vienes conmigo y te confiesas con el confesor de Marta, él la conocía muy bien y te ayudará.” Yo no entendía nada, pero fue colgar el teléfono y sentir un enorme alivio, como si me quitaran un peso de encima.

 

También tengo que decir que en los días anteriores de llamar a su madre, tuve un sueño que me llamó poderosamente la atención: “Yo estaba debajo de la caja de Marta, bañándome con su sangre y todo mi afán era lavarme y frotarme.” Este sueño lo comenté con mi hermana y ella a su vez a un sacerdote, el cuál le dijo que Dios también se manifiesta a través de sueños, aunque ella prefirió no decirme nada en aquellos momentos y esperar  a ver cómo actuaba  yo.

 

El sábado siguiente, fui con ella a confesar y hablar con el sacerdote de Marta, y a partir de ahí mi vida ha cambiado por completo.

 

Empecé a confesar con regularidad, a llevar un plan de vida de oración, este mismo año asistí a mi primer retiro espiritual.

 

Poco después de la muerte de Marta ascendí en mi trabajo, lo cuál estuvo  a punto de costarme mi matrimonio ya que yo tenía que dedicar muchas horas para aprender mi nuevo trabajo y sólo aparecía por casa para dormir. Cuando ya estaba todo a punto de romperse, asistí a mi primer retiro, gracias a ello las cosas empezaron a cambiar, durante los 4 días de mi retiro Dios me hizo ver muchas cosas y me preparó para el “panorama” que me esperaba en casa, con mucha paciencia, algo poco habitual en mí y que Dios me está enseñando a tener poco a poco, mucho cariño y dulzura por mi parte al principio, poco a poco las cosas han ido cambiando, hasta el punto que hoy es el día que estamos más enamorados y unidos que nunca y esperamos con ilusión los 25 años de casados  para renovar los votos.

 

Mi marido es buena persona, tiene buenos sentimientos y es muy trabajador y muy casero, pero está alejado de Dios, yo siempre digo que él no está con Dios, pero Dios sí que está con él, siempre vamos juntos a todos los sitios, excepto cuando se trata de temas de religión, él acepta que yo vaya a Misa todos los domingos, pero no acaba de entender que me marche de retiros, con el tiempo va cambiando, pero éste ha sido el primer año (después de 6 años ) en el que al regresar del retiro le he encontrado alegre y contento. Posiblemente no sepa muy bien por qué, pero sí que ha visto que de unos años a esta parte, somos más felices. Igual que con los retiros ocurría cuando yo debía de ir a hablar con mi Director Espiritual, D. Ricardo (Penitenciario de la Catedral de Burgos), cuando llegaba a casa, enfado y “morro”, poco a poco lo ha ido aceptando aunque no le gusta.

 

También he de decir que con respecto a mi familia, mi marido tenía auténtica aversión a mi única hermana y a su marido, pertenecientes a Comunidades de Vida Cristiana y personas también muy religiosas, que han aguantado muchas malas caras y desplantes durante muchos años sin ningún motivo, yo he sufrido muchísimo todas estas situaciones pero desde el primer momento he pedido y sigo pidiendo ayuda a Marta, y hoy es el día que sin haber ocurrido nada especial, no sólo les quiere, sino que continuamente me pregunta y cuenta con ellos para todo, hace de esto dos años y todavía no lo puedo creer.

 

A mis dos hijos les apunté, el mismo año de la muerte de Marta, a Montauca (Club de chicos de la Obra) con la disculpa de que iban a estudiar, pero lo cierto es que yo pretendía “otra cosa”.

 

El mayor se marchó del club al poco tiempo, a causa de un malentendido, pero he de decir que siempre ha sido un “angelote”  y lo sigue siendo, a sus 20 años es un chico muy sensato,  apenas sale de noche, y  es muy dócil, Dios también esta con él.

 

El pequeño ha seguido en Montauca hasta el año pasado, actualmente tiene 17 años, siempre ha sido un chico muy inteligente y vivo, que ha traído “mártir” a su hermano, un niño muy bueno en el colegio e insoportable en casa, superinteligente y con una capacidad increíble para hacer daño con sus palabras,  las cuales no escatimaba para nadie. Desde que empezó a ir a Montáuca ha cambiado muchísimo en su actitud, yo le observo a veces cómo se domina y aguanta, otras veces no, por supuesto, pero no es ni su sombra, limpio, aseado, siempre impecable, apenas sale por la noches, un chico que todos los domingos se levanta a las 10 de la mañana para asistir a la única Misa que hay en el pueblo, si ha trasnochado (viendo películas o jugando con la videoconsola), cuando acaba la Misa, vuelve a dormir. Si tiene algún partido de fútbol el domingo, el sábado por la tarde me pide que le baje a Burgos para oír Misa.

 

No hace falta decir, que a mi marido y a mis hijos llevo encomendándolos a Marta desde el  primer día de mi conversión.

 

Hay algo muy significativo que siempre me sucede, y es que cuando voy a un retiro, sin yo pensar en ello, siempre, siempre sale a relucir Marta, allí donde he ido he acabado dando testimonio de Marta, ya el primer año de retiro, en Palacios de Benaver, conocí a una señora, se llamaba Pilar y tenía una hija que se llamaba Marta, Pilar estaba en la hospedería y buscaba unos días de tranquilidad ante el problema que tenía en casa, su hija había sido madre muy joven y era una chica muy problemática y rebelde, se había marchado de casa a causa de los continuos enfrentamientos que tenía con su padre, y su madre estaba desesperada. Yo le hablé de Marta y me dijo que iba a pedirle por su hija. Hace años que perdí el contacto con Pilar pero las últimas noticias que tuve eran que su hija había vuelto a casa y estaba a punto de casarse.

 

Al año siguiente volví a Palacios de Benaver y allí conocí a Claudio y M. Isabel, un matrimonio mayor que cada vez que tienen un problema, me llaman para que les encomiende a Marta.

 

Otro año durante un retiro en el convento de las Bernardas en Burgos, también les hablé de Marta, quisieron conocer a su madre, comentaron  que no tenían vocaciones y que se las iban a pedir a Marta, cuando llamé al año siguiente me dijeron que tenían 2 novicias nuevas.

 

También, otro año durante un retiro en el convento de las Benedictinas de San José, conocí a Sor Orieta  una “fan” incondicional de Marta desde su muerte.

 

Hace 2 años durante una semana de Ejercicios en la casa Cristo Rey de Pozuelo, dirigidos por Carlos Landecho, una tarde haciendo oración en la iglesia, sentí que tenía que hablar de Marta, tuve que salir a pasear por el patio, completamente desquiciada, ya que estábamos en absoluto silencio, afortunadamente llegó la hora de la merienda y “qué casualidad” se sentó Carlos a mi lado, yo no pude evitar hablarle de Marta.

 

Al día siguiente durante mi tiempo de entrevista con Carlos le comenté: “Carlos, perdona por haber roto el silencio ayer durante la merienda, pero yo tenía que hablar de Marta, es superior a mí” y Carlos me respondió : “Montse, ¿tú quieres hablar de Marta?”, yo contesté: “No quiero hablar de Marta, tengo que hablar de Marta” y me dijo: ¿Te atreves a hablar de Marta delante de todos?, respondí: “Sí, por supuesto”, “Pues hoy vas a dar tú la hora de instrucción de 13:00 h a 14:00 h y hablas de Marta”.

 

Así fue, puse la foto de Marta encima de la mesa y pasé toda la hora contando cosas de Marta, tranquilamente, y hasta pude recordar la carta que escribí a su asesino, 5 años atrás.

 

Quedaron todos muy impresionados, incluso Carlos me pidió que hablara de Marta a un grupo de sacerdotes de toda España que tenían una convivencia en Cristo Rey, pero el jefe del grupo no creyó oportuno que lo hiciera.

 

Carlos me comentó que todo esto de Marta había que darlo a conocer, que le enviara toda la documentación posible (fotos, citas, etc.) y que él organizaría una reunión para que fuéramos, su madre y yo a Madrid para hablar de Marta. Recopilé  toda la documentación que pude,  y se la envié.

 

Pasó todo el año siguiente y al volver a los Ejercicios, Carlos me dijo que no había olvidado la charla de Marta y que ése mismo año, en Octubre o Noviembre la iba a organizar, y allá que fuimos su madre y yo a “hablar de Marta” a la casa Cristo Rey, al final de un retiro y ante las personas que asistieron a él.

 

Este año, tenía claro desde el  principio que “tocaba” ir al retiro con su madre, al Brezo, (hacía años que ella me lo proponía, pero yo no “debía” ir) y allí fue donde me han propuesto escribir todo esto.

 

Tengo que decir que todo lo que me pasa es de repente, yo no voy a ningún retiro pensando en Marta, pero siempre surge y es que Marta es “la leche” ya en este mundo era muy impulsiva y lo sigue siendo y a mí me vuelve loca, ¡bendita locura!, cuando he de hacer algo tiene que ser en el momento, por ejemplo: Cuando Carlos me pidió que le enviara la documentación de Marta, no paré ni dejé tranquilo a nadie hasta recopilarla y enviarla, después ya me quedé tranquila y no me preocupé para nada de la charla que Carlos quería organizar.

 

Mi relación con el caso de Marta es muy, muy especial, de lo cual me alegro, aunque cumplir lo que me piden a veces me cueste algún disgusto o bronca en casa, ya que mi marido no lo entiende, ni siquiera lo sabe, pero ante esto no me detiene nada, Dios me está “tratando muy bien” y es tanto mi agradecimiento que sólo puedo ponerme a su disposición en todos los aspectos, tengo claro que mi medio de santificación es mi familia y mi trabajo y ahí es donde me muevo, intento dar un testimonio de vida y hacer el apostolado que puedo, pero ante lo de Marta no me detiene nadie, si tengo que ir con su madre a algún lado, lo dejo todo y voy, aunque me cueste alguna bronca, pero Él es lo primero e intento ser lo más dócil posible.

 

Después de la muerte de Marta han sucedido una serie de cosas, cuanto menos “extrañas”.

 

La primera fue en el tanatorio, se presentó un sacerdote que no conocía, ni a Marta, ni a sus padres, D. José, canónigo de la Catedral de Burgos, estaba desayunando y “sintió” que debía ir, cuando vio el rostro de Marta se arrodilló y al  preguntarle su madre si iba a rezar un responso respondió: “No, vengo a encomendarme a ella”.

 

Poco tiempo después recibieron una llamada de la revista “Interviú”, querían hacer un reportaje sobre lo sucedido, sus padres aceptaron, con la condición de que fuera un reportaje limpio, sin morbo y supervisarlo antes de su publicación, así se hizo, y por medio de su publicación recibieron varias cartas de presos a los que les ha impactado Marta. Hace poco tiempo, su madre recibió una llamada del periodista que hizo el reportaje, comunicándole que había dejado “Interviú” y estaba trabajando en la “Cope”, poniéndose a su entera disposición para lo que necesitara.

 

También, poco después de la muerte de Marta, recibieron una llamada de una cadena de televisión desde Miami, tenían previsto venir a España para hacer un reportaje sobre la Expo de Sevilla, se habían “enterado” de lo de su hija y querían incluir su historia en un programa del estilo de “Informe Semanal”, ellos accedieron y el reportaje se hizo, grabaron una entrevista con sus padres y vídeos de Marta. Mientras recogían todas las cosas, su madre se encontró al  presentador del programa llorando, sumamente afectado frente a una foto de Marta, y al preguntarle ella qué le pasaba, le contestó: Señora, no he podido evitarlo, mire usted que estoy muy acostumbrado a hacer reportajes de este tipo, pero esta chica me ha impactado especialmente.

 

Más o menos a los 2 años de su muerte, se presentó en su casa la hermana de una amiga de Marta para comunicarles, que ingresaba en el convento de las Clarisas, el motivo era, que le había pedido un novio a Marta, y esas fueron sus palabras: “Marta, búscame un novio, que no me como una rosca”, “y mira qué NOVIO me ha buscado”.

 

También he de decir que han recibido cartas de misioneros desde Sudamérica pidiéndoles “estampas de Marta”, y no sabemos nadie cómo se han enterado.

 

Como anécdotas curiosas he de anotar que la noche en que Marta murió, saltaron las alarmas de su iglesia, San Martín de Porres, sin ningún motivo aparente. También esa misma noche en Misa, una amiga de su madre le había pedido a Santa Inés una mártir de nuestros tiempos, ejemplo para la juventud, que tan poco valora la pureza.

 

Terminaré diciendo que “curiosamente”, las hermanas pequeñas de Marta se han enterado de su trágica muerte, años después, cuando sus padres han creído conveniente decírselo, a pesar de que fue una noticia muy comentada en Burgos.

 

No quiero terminar sin mostrar todo mi agradecimiento y admiración a su madre, una auténtica “madre coraje”, aparentemente, se la ve fuerte, dando ánimos y consolando a los que sufren, pero nadie sabe que cada día ha de pedirle a Dios  su gracia para poder soportar el dolor que tiene y  que sólo encuentra consuelo cuando ve a la Virgen a los pies de la Cruz.

 

Una madre a la que sus hijas nunca han visto llorar y que cuando una de ellas le comentó que jamás iba a poder perdonar al asesino de su hermana, le respondió: “Tienes que perdonar, sino, nunca más vas a poder rezar el Padrenuestro”.

 

Una madre a la que he visto tranquila y serena, con un rosario entre las manos, durante el juicio al asesino de su hija, oyendo las barbaridades que la hicieron y que en los peores momentos, solamente se la veía llorar en silencio.

 

Una madre que dice, que tiene 4 hijas y una está en el cielo. Una madre dispuesta a contarme todo lo necesario sobre su hija, a ir conmigo a donde yo le pida, por muy doloroso que le resulte el hablar de tan malos momentos (aunque ella los lleva siempre en su corazón), siempre dispuesta a darme fotos, documentación, etc … sobre su hija, y que confía plenamente en mí sobre algo tan delicado. Yo pienso que ella sabe que no es “cosa mía” y al igual que yo, “se deja llevar”.

 

Una madre que cuando ha dado alguna charla ha dejado a los asistentes tan impresionados como su propia hija, de esto pueden dar fe las monjas del Convento de las Bernardas de Burgos, Carlos Landecho y el Hogar de Santa María en Burgos.

 

Para terminar he de decir que espero que esto sirva para alguien, confío plenamente en la discreción de las personas que vayan a leerlo ya que lo que aquí he escrito es muy personal y que como dice su madre, le demos mucho trabajo a Marta, que para esto está en el Cielo.


 

MARTA,  RUEGA POR NOSOTROS.